Quilacahuín: lugar de encuentro

Chile

—Te tiene que gustar la soledad.

Eso fue lo primero que le dijeron a Cristina Trejos, psicóloga, cuando le designaron el proyecto “Una mirada al interior de Quilacahuín: promoviendo el desarrollo psicosocial de niños y niñas”, tras haber postulado al voluntariado profesional de América Solidaria.

Ella respondió, casi sin pensarlo:

—Sí, puedo con la soledad.

Al poco tiempo partiría a un pueblo del que no sabía nada.

Desde Costa Rica Cristina viajó a Quilacahuín, una comunidad rural al sur de Chile rodeada de verdes valles y un frío constante. Allí conoció a los niños y niñas del colegio e internado Quilacahuín, a quienes acompañaría durante un año para potenciarles habilidades que acrecentaran su autoestima. Es verdad que la soledad se hacía presente en ese lugar, pero para ella no fue un problema, sino más bien una profunda calma.

En el colegio necesitaban una psicóloga clínica educativa, y a eso fue Cristina.  A través de su profesión apoyó a los estudiantes que estaban en riesgo social, psíquico y emocional, mediante diagnósticos y tutorías que pudieran orientarlos, promoverles una percepción positiva de sí mismos y, con ello, generar una mejora en la convivencia escolar.

El trabajo de la costarricense estaba guiado a superar la pobreza causada por la ruralidad y la vulnerabilidad en la que estaba inmersa la comunidad infantil, debido a la precariedad de la zona y el aislamiento. La mayoría de los niños y niñas tienen que viajar horas para poder ir a estudiar. Están a la deriva. Recuerda Cristina que una de las alumnas cruzaba el río con su mamá y después caminaba cerca de una hora hasta el colegio.

Cristina se sumergió en la vida de los niños y las niñas. Almorzaban juntos, se acompañaban y escuchaban. Para ella su experiencia en el sur le cambió la percepción de ver y sentir la vida. Comenzó a despojarse de la necesidad de necesitar, dando paso a un agradecer constante.

Pero el tiempo se le pasó muy rápido, aún los siente cerca y no se convence de haberlos dejado. Actualmente trabaja en la oficina de Santiago de América Solidaria en Concausa, porque no se imaginaba en su país contando lo que vivió. Para ella no hay palabras que describan todas las emociones de su voluntariado profesional. Los niños y niñas le entregaron todo.