El juego como herramienta de aprendizaje

Chile

Carolina Vergara comienza a buscar entre los recuerdos del 2013, y alegremente nos cuenta lo que vivió. Estuvo en Lima, Perú, trabajando en el Agustino durante un año como voluntaria profesional de América Solidaria, en una zona altamente vulnerable y estigmatizada, pero con un gran sentido de comunidad: existen muchos comedores comunitarios y distintos programas que están a cargo de los jesuitas, liderado por Chiqui, como lo llama Carolina, un cura español.

Chiqui fue quien creó la escuela Martin Luther King en la parroquia, para la nivelación de estudios. Esta idea nació cuando se dio cuenta que en las pandillas del equipo de fútbol La Alianza, quienes en su mayoría eran del barrio, tenían dificultades en sus estudios. Cuando les preguntó qué les gustaría hacer, todos querían terminar su enseñanza escolar, así que, para motivarlos a ser parte de este programa, los dejó como monitores de la escuela de fútbol del Real Madrid.

Geográficamente el Agustino es como Valparaíso. Su paisaje está conformado por muchos cerros, las casas están cerca las unas con las otras, y los niños y niñas juegan en las calles desde la una de la tarde, cuando termina su jornada escolar. Fue por esto que Chiqui, con ganas de hacer otro proyecto, crea “Las Casitas”, ludotecas para niños y niñas entre los 6 y 12 años.

“Ahí yo me vinculo para trabajar (…) nuestra misión era básicamente sistematizar lo que ya se había hecho durante muchos años desde la voluntad, que sin duda que habían tenido muy buenos resultados, para ayudar en la sistematización a los educadores y educadoras, darles más estrategias para que trabajaran con los niños y niñas, y tuvieran como resultado, no solo la diversión, sino que aspectos psicosociales”, nos comenta la ex voluntaria profesional.

Carolina, además, se dedicó a mostrarles a las educadoras todo lo que hacían, para que valoraran y relevaran su importante trabajo. De ellas, por su parte y entre otras cosas, aprendió la entrega de amor incondicional hacia los niños y niñas del barrio -eran capaces de involucrar a sus familias en las actividades para tener más ayudantes-.

“Y de los niños esa capacidad de alegrarse, de jugar, de saber reírse, de resignificar un montón de situaciones que son muy complejas que tienen de historias familiares muy complicadas, historias que emocionan, y que también hacen que uno revise la suya y decir qué afortunada soy”, reflexiona Carolina.

La experiencia de esta ex voluntaria profesional en Perú le hacía sentir que estaba siendo un aporte significativo a los derechos de los niños y niñas a través del disfrute, el cual estimula a que desarrollen una memoria en la infancia emotiva y significativa para cuando sean adultos. Ese es su papel en la vida de los niños y niñas del continente.

Para Carolina los niños y niñas te impulsan a movilizarte. Por eso, actualmente sigue promoviendo espacios para que la niñez sea visibilizada y respetada. Es consciente que no es solo la superación de la pobreza nuestra responsabilidad de hoy, sino que se debe potenciar la infancia de manera integral, para que sea esta la que hable, accione y promueva sus propios derechos.