Fundación América Solidaria

Cosechando alegrías en Guatemala

Chile

Desperté una mañana en la comodidad y confort de mi hogar, pensando que al final del día estaría en un avión, camino a la gran aventura de mi vida. Me estaría acercando a realizar uno de los sueños que desde adolescente siempre quise, donde podría aportar desde mi formación y desde mi misma, como persona. Sin embargo, no dimensionada todo lo que en realidad estaba en mis manos para los niños y niñas de una remota comunidad indígena de Guatemala.

Inicié este proyecto mentalizada en llegar a los niños y niñas de la comunidad de Calanté. Yo les entregaría a madres y padres información para que manejaran sus huertas, para así mejorar la nutrición mediante más y mejores cosechas, otorgándoles autosustento y nuevas perspectivas. Pero mi trabajo ha ido más allá.

Durante estos tres meses de voluntariado profesional he tenido contacto directo con familias enteras que acuden a las jornadas de la huerta, buscando mejorar la calidad de sus vidas y la de sus hijos. Es así como los niños y niñas poco a poco han ido acompañando a sus padres y madres a nuestros talleres y jornadas buscando conversar y jugar con nosotros, los voluntarios profesionales. Nos llaman por nuestros nombres y nos tienen confianza, nos ven como sus amigos y nos enseñan cada día que con cosas simples les alegramos sus días.

Si volvemos al inicio de nuestra llegada a la comunidad, sería impensado este trato tan cercano con los niños y niñas. La desconfianza era el sentimiento que primaba en nuestra relación. Nos temían, pensaban que los íbamos a vacunar o que éramos profesoras o alumnos en práctica. Sin embargo, con el tiempo, hemos visto que el primer gran cambio ha sido el perder el miedo a las personas distintas, a que vean que existen nuevas realidades que ellos no conocían y que a nosotros nos importan cada uno de ellos.

A raíz de estos pequeños cambios, de llegar a la comunidad y que familias completas nos saluden alegremente, nos abracen y nos inviten de lo poco que tienen, hemos reafirmado nuestro compromiso con la comunidad y, en especial, con la niñez. Además, he encausado mucho mi trabajo hacia un aporte más concreto, entendiendo que con simples actos podemos impactar muy positivamente en los niños y niñas. Les he asignado tareas, tales como realizar semilleros, limpieza de la huerta y riego de almácigos, las que han permitido que se sientan parte de la huerta y que se sientan un aporte, que son capaces de ejecutar con sus propias manos y creatividad.

He aprendido que desde el área agrícola puedo relacionarme de manera directa con la infancia, estableciendo vínculos cercanos, los que se han convertido en una motivación cada vez que estoy en la comunidad y en el trabajo que realizaré hasta el término de mi voluntariado profesional.

Karen Curilen López
Ingeniera Agrónoma
Proyecto “Sembrando sueños: huertos para fortalecer la nutrición, producción y la comunidad en Calanté”