Cicatrices: marcas de una historia de violencia y abandono social

Chile

Para llegar al barrio Socio Vivienda I en Guayaquil, Ecuador, se debe tomar una micro que doble por Av. Barcelona, pasando por el estadio monumental Isidoro Romero Carbo, donde juega el equipo Barcelona FC, y que luego tome La Perimetral, un tramo bastante largo y tedioso.

El tráfico a ciertas horas del día, sumado al calor y humedad de la ciudad, no ayudan a que el trayecto sea muy amable. Pero, los vendedores ambulantes que se suben a vender agua, mango con sal o agua de coco, hacen sea más grato.

Tras 50 minutos de viaje, nos bajamos y esperamos un moto taxi, un vehículo con carro posterior donde pueden viajar entre seis y ocho personas, y que tiene un valor de 0,25 USD cada uno, menos de 200 pesos chilenos. Durante 15 minutos pasamos por caminos de asfalto y tierra, que son especialmente peligrosos en días de lluvia.

Al llegar, nos encontramos con los trabajadores de la Fundación Junto con Los Niños (JUCONI) en la Unidad de Policía Comunitaria, el único punto seguro y el corazón de Socio Vivienda I. Desde allí, caminamos entre los callejones para visitar a los niños y niñas que viven en situación de pobreza, los cuales han sido vulnerados en sus derechos por situaciones de trabajo infantil, al igual que otros 12,5 millones en América Latina y El Caribe. De esta cifra, un 88% realiza trabajos peligrosos: jornadas de trabajo extensas en lugares que afectan su salud y están relacionados con drogas y/o prostitución.

Pero esta es una realidad habitual en Guayaquil, solo hay que abrir los ojos y ver que en todas partes puedes encontrar a niños y niñas limpiando autos, pidiendo dinero en las calles, vendiendo cigarrillos o haciendo malabares. Los que suman un total de 360 mil en todo el país, y es por ellos y ellas por quienes trabajamos. Estas son sus caras e historias:

En una de nuestras visitas, entramos a una casa donde estaba una madre con sus tres hijos, la cual no fue capaz de salir de su habitación debido al exceso de estupefacientes que había consumido. Los niños estaban descalzos y sin polera debido al calor. Vi que uno de ellos tenía una cicatriz en su rodilla, y pensé ¿Quién no se ha caído jugando a la pelota o corriendo por un parque?

Sin embargo, me mató la curiosidad y empecé a preguntarle:

– ¿Qué te pasó en la rodilla, te caíste jugando?
– No, me golpearon.
– ¿Y quién te pegó, tus amigos en el colegio?
– 
No, en mi casa.
– ¿Quién, tus hermanos?
– No, mi mamá se enojó, tomó el látigo – apuntó a la pared- y me golpeó.

En ese momento me di cuenta que todos los niños tenían las mismas marcas en todo su cuerpo: rodillas, piernas, brazos, espalda y cara. Y cuando las profesionales voluntarias iniciaron la intervención, el pequeño con el que había hablado empezó el juego pero no siguió, ya que las marcas en su piel lo avergonzaron.

Me pregunto, ¿Cómo se ve dañada el autoestima de un niño o niña maltratado? y ¿Cómo se valida en el mundo? No es extraño pensar que la salida más lógica para ellos y ellas sea la calle, las pandillas u otro mecanismo que les permita escapar de la violencia y explotación.

La violencia intrafamiliar, afecta a estos niños físicamente, pero también los perjudica en su desarrollo social y educacional. Es una forma de vulneración de derechos, asociada a la situación de trabajo infantil, puesto que los responsabilizan de sostener el hogar. Pero todos/as nosotros/as lo invisibilizamos, miramos lo que ocurre a la distancia y no actuamos. En América Solidaria creemos que podemos cambiar esta realidad, sumando voluntades, trabajando juntos/as y creyendo que un continente más justo e inclusivo es posible. No permitamos que más niños y niñas sean vulnerados/as en sus derechos!

Tomás Contreras 
Coordinador de Proyectos
América Solidaria Chile