Acompañando el desarrollo de los niños/as en Haití

Chile

Natalia Montaldo es enfermera matrona, y necesitaba poner a disposición sus conocimientos para la comunidad. Tenía un sentimiento de que algo le faltaba por hacer, a pesar de la comodidad que sentía en su trabajo. Así es como tomó la decisión de postular a un voluntariado profesional en América Solidaria y viajó a seis mil kilómetros de Chile, a Haití. Llegó a la Escuela Ángel Makenson para abrir un proyecto que potenciaba el desarrollo de los niños y niñas hasta dos años y donde, como una de sus líneas de trabajo, acompañaba a mujeres embarazadas mediante controles de salud.

Poco a poco este país de América central le comenzó a dar sorpresas las que al final, hicieron que en su estancia dejara de lado las frustraciones que le generaba su autoexigencia, y acallaron esa voz interna que le decía que tenía que solucionarlo todo. Haití le mostraba a diario la importancia de mantenerse unidos y alegres, a pesar de las dificultades asociadas a la situación de pobreza y de todas las vicisitudes de la vida. Las personas estaban siempre con una sonrisa, agradecidas de las cosas simples del día a día, espontáneos y con un importante sentido comunitario. Se cuidaban como una sola gran familia.

De esta manera Natalia se integró a la cultura y esencia del lugar. Buscó instituciones con las que apoyarse. Se dio cuenta que movilizando y uniendo voluntades se podían lograr grandes cambios, los cuales se vislumbraron en la mejora de resultados y en el aumento de embarazadas y madres con sus hijos e hijas que acudían al servicio, quienes se daban el dato entre amigas, vecinas, hermanas, ya que como ellas decían, era un lugar donde las trataban dignamente.

Natalia luchó para que todos los niños y niñas pudieran acceder a tener las condiciones óptimas para su crecimiento y desarrollo desde la gestación, independiente de su lugar o condición de nacimiento y, de esta manera, disminuir las brechas sociales

Sin embargo, la ex voluntaria profesional afirma que también se pueden generar acciones de cambio sin necesidad de ir a trabajar en terreno, partiendo por tomar consciencia de que aún existen niños y niñas en situación de pobreza, a quienes no podemos seguir ignorando. Debemos derribar las fronteras y la exclusión, y comenzar a empatizar. Movilizarnos y cambiar el discurso que invisibiliza al otro/a y empezar a verlo como un igual, para que así caminemos juntos y logremos un continente más justo.

Natalia ya encontró su papel en la vida de los niños y niñas. Y el tuyo, ¿cuál es?